Señoras, señoros, de que la casa está encantada pocas dudas nos quedan(El fantasma no ha dejado de hacer de las suyas)sin embargo lo que no sabíamos es que una habitación estaba maldita...Sí, maldita. Prepárense porque lo que viene ahora es una historia difícil de comprender(mucho más que saber cuál es el mendrugo de pan que te toca cuando vas a un restaurante ¿El de la derecha?¿El de la izquierda?) he aquí el sorprendente relato de "La habitación del final del pasillo":
Tenerife, Canary Islands, 18....Lo siento era casi inevitable después de ver el último capítulo de "Lost".
Galileo, Madrid, agosto de 2009.
Recibimos una casa recién reformada, sin ningún mueble a excepción de aquel enorme armario que hace ahora las veces de despensa en el recibidor de nuestra morada.
Con el paso de los días las habitaciones, asignadas en una "lotería" justa, comenzaron a ejercer su función:Llegaron las camas, los armarios, las mesas, las sillas,las mesillas de noche, puertas de la cocina(nunca me cansaré de hablar de este tema)...
Todo parecía marchar perfectamene. Nuestro domicilio se estaba convirtiendo en un apacible lugar donde habitar hasta que comenzamos o comencé, mejor dicho, a notar el influjo de la habitación del final del pasillo. Mi habitación.
La historia con dicha estancia comenzó en el preciso instante en que comprobé como la puerta-ventana no cerraba. En un principio no le di importancia ya que el calor me hacía saber que no había motivo de preocupación, pero sin preocupaciones nos metimos en otoño y el frío de noviembre empezó a inquietarme. No podía dormir con una ventana abierta así que decidí utilizar la maleta a modo de tope para que la puerta no se abriera. Conforme pasaron las semanas demostró ser una solución inútil.
Poco a poco el cambio climático que sufría mi dormitorio provocó que la ropa se atrincherase, ayudando a la maleta, para cerrar la ventana.
La de invierno se junto con la de verano, la de verano con la de otoño y la de otoño se afilió con la de primavera. Bueno menos un poncho que a día de hoy no sé porque no he tirado.
A tal situación se llegó, que más de una vez decidí que el sofá no era mal sitio para dormir(hay quién lo llamó perrería yo lo llamo supervivencia, la ropa me comía).
Una vez arreglada la puerta-ventana todo se hizo insostenible, he pasado los últimos meses colocando mi cuarto y creo que todavía no conozco todo el suelo.
El sentimiento homérico de ser un "Penélopo" moderno me invadía, pues todo lo que colocaba por el día se descolocaba por la noche.
Yo lo he intentado, me dijeron que cogiera la ropa y la llevara al armario, así lo hice, ahora toda está encima de él. La batalla está casi ganada lo presiento.
Jokin, Álvaro...mañana coloco.
PD:Y sino pues ya pasado.
Tenerife, Canary Islands, 18....Lo siento era casi inevitable después de ver el último capítulo de "Lost".
Galileo, Madrid, agosto de 2009.
Recibimos una casa recién reformada, sin ningún mueble a excepción de aquel enorme armario que hace ahora las veces de despensa en el recibidor de nuestra morada.
Con el paso de los días las habitaciones, asignadas en una "lotería" justa, comenzaron a ejercer su función:Llegaron las camas, los armarios, las mesas, las sillas,las mesillas de noche, puertas de la cocina(nunca me cansaré de hablar de este tema)...
Todo parecía marchar perfectamene. Nuestro domicilio se estaba convirtiendo en un apacible lugar donde habitar hasta que comenzamos o comencé, mejor dicho, a notar el influjo de la habitación del final del pasillo. Mi habitación.
La historia con dicha estancia comenzó en el preciso instante en que comprobé como la puerta-ventana no cerraba. En un principio no le di importancia ya que el calor me hacía saber que no había motivo de preocupación, pero sin preocupaciones nos metimos en otoño y el frío de noviembre empezó a inquietarme. No podía dormir con una ventana abierta así que decidí utilizar la maleta a modo de tope para que la puerta no se abriera. Conforme pasaron las semanas demostró ser una solución inútil.
Poco a poco el cambio climático que sufría mi dormitorio provocó que la ropa se atrincherase, ayudando a la maleta, para cerrar la ventana.
La de invierno se junto con la de verano, la de verano con la de otoño y la de otoño se afilió con la de primavera. Bueno menos un poncho que a día de hoy no sé porque no he tirado.
A tal situación se llegó, que más de una vez decidí que el sofá no era mal sitio para dormir(hay quién lo llamó perrería yo lo llamo supervivencia, la ropa me comía).
Una vez arreglada la puerta-ventana todo se hizo insostenible, he pasado los últimos meses colocando mi cuarto y creo que todavía no conozco todo el suelo.
El sentimiento homérico de ser un "Penélopo" moderno me invadía, pues todo lo que colocaba por el día se descolocaba por la noche.
Yo lo he intentado, me dijeron que cogiera la ropa y la llevara al armario, así lo hice, ahora toda está encima de él. La batalla está casi ganada lo presiento.
Jokin, Álvaro...mañana coloco.
PD:Y sino pues ya pasado.