lunes, 18 de julio de 2011

LIMPIEZA BUCAL



Señoras, señoros, querido Álvaro (Guiño, guiño), animales en general.
Tarde y mal me dispongo a escribir sobre un idilio que, en silencio y con rechazo familiar, como la literatura nos ha enseñado que comienzan los grandes romances (sirva de ejemplo Romeo y Julieta) hemos vivido en la casa galilea.
La verdad es que no sabemos muy bien cuando comenzó el cortejo, ni tampoco sabemos quién dio el primer paso. Lo que sí está claro es que no podemos hacer nada, es inútil, absurdo, sabemos que volverá a pasar…Estoy hablando de: LOS ENCUENTROS SEXUALES DE NUESTROS CEPILLOS DE DIENTES.
Una noche cualquiera te dispones a realizar tu habitual lavado bucal nocturno para evitar que tu boca huela a trasero de mandril o a destilería abandonada(los días que sales de fiesta) y te das de bruces con una escena que hace que te recorra un escalofrío por tu cuerpo.
Dentro del baño observas el cubilete de los cepillos, un cubilete que, todo sea dicho, goza de un microclima propio al que solo le falta tierra fértil para dar frutos y de repente te fijas en dos cepillos, dos cabezales unidos, dos historias entrelazadas que consiguen que, de pronto, se haga la luz en tu interior… Resulta que tras dos años hemos entendido el por qué Jokin compraba “escobillas dentales” con capuchón. Álvaro y yo nos hemos estado besando todo este tiempo sin saberlo, no importaba nada que uno comiera arroz y el otro pollo, al final desconocíamos que terminaríamos comiendo lo mismo.
Fue pensar en ello y recordar aquella canción. ¿Cómo era?...Ah:

PD: ¿Quién decide cuando se termina un tubo de pasta y cuándo se tira un cepillo de dientes?

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